Amérique du Sud

Comprendiendo por qué mienten y por qué se salen con la suya

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Artículo Original en Vineyard Saker para la revista UNZ

Amigos, el Pentágono lo volvió a hacer. A través de CNN, por supuesto. Aquí están estas “últimas noticias”:

A más de 100 miembros del servicio estadounidense les han diagnosticado lesiones cerebrales traumáticas leves a raíz del ataque iraní con misiles el día 8 de enero en la base militar de Al Asad en Irak, según informaciones recientes proporcionadas por un funcionario estadounidense.

El sitio web del coronel Cassad ofreció, por decirlo así, la “evolución” de la verdad según las informaciones proporcionadas por los Estados Unidos:

X significa “bajas sobrevivientes”

Y significa “muertos”

  1. X = 0, Y = 0
  2. X = 11, Y = 0
  3. X = 34, Y = 0
  4. X = 50, Y = 0
  5. X = 64, Y = 0
  6. X = 100 + ?, Y = 0
  7. X> ​​200, Y> 80?

(¡esta última línea, obviamente es hipotética, pero al momento de escribir este artículo, ya son 109 víctimas!)

Se debe tener en cuenta que a pesar de que el número de heridos sobrevivientes aumenta constantemente, no existe un aumento correspondiente con el número de muertos. Sólo hay “accidentes de aviación” (aparentemente, todos accidentales). Si se le pregunta a cualquier especialista militar (o historiador militar) él dirá que este tipo de “evolución” es extremadamente improbable (vea aquí una discusión al respecto). En pocas palabras: este tipo de números son prácticamente imposibles, lo que significa que desde el momento en que el Jefe Idiota tuiteó “hasta ahora todo bien”, los Estados Unidos ya estaban mintiendo:

¡Todo está bien! Misiles lanzados desde Irán a dos bases militares ubicadas en Irak. Evaluación de víctimas y daños que tienen lugar ahora. ¡Hasta aquí todo bien! ¡Tenemos el ejército más poderoso y mejor equipado del mundo, con ventaja! Haré una declaración mañana por la mañana.

¿Habrá en serio alguien que niegue que el gobierno de EE. UU. miente acerca de todo y por todo? Y ya no se trata solamente del Poder Ejecutivo, probablemente el Congreso miente aún más (ambos partidos, por supuesto). De hecho, yo diría que mentir es tanto necesario como esperado de cualquier político estadounidense. Cuando alguien como Tulsi Gabbard o Ron Paul no cumplen con esta regla, los medios de comunicación inmediatamente los descartan como “agentes de Putin” o algo igualmente insípido.

Lo que ocurre es que las mentiras se han convertido en la norma del discurso político occidental.

Esto es bastante malo por sí sólo. Pero hay algo aun peor.

Lo peor no es que los políticos occidentales mientan, lo peor es que a casi nadie le importa.

Esto es realmente aterrador.

¿Por qué?

Porque en una sociedad que espera que todos mientan, los hechos simplemente ya no importan.

Y ésta es la pregunta clave: ¿nos importa o no?

Bueno, a algunos claramente todavía les importa. Si así no fuera, los libros de Howard Zinn o las películas de Oliver Stone no serían best sellers. Ni tampoco existiría el vibrante movimiento sobre la Verdad del 11 de septiembre. ¿Se necesita más evidencia? ¡Seguro! ¿Qué sería de todas las personas que están dispuestas a exiliarse (o ir a la cárcel) por defender los derechos de los historiadores a investigar libremente la historia de la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué sería de Ed Snowden, Julian Assange o Bradley Manning? ¿Qué de los millones de personas en Occidente que salieron a las calles para protestar por las diversas guerras agrupadas en GWOT (Guerra Global contra el Terrorismo, ndt)? No, claramente hay muchas personas a quuienes les importa.

El problema es que su impacto es mínimo, y eso es lo que quiero analizar hoy.

¿Se han vuelto redundantes los hechos y la verdad?

Dudo que haya muchas personas que lean estas líneas y que no sepan con certeza que Kennedy no fue asesinado por un “pistolero solitario”. Del mismo modo, todos sabemos la verdad sobre el incidente del “Golfo de Tonkin”. Luego están los que se dan cuenta de que algo sobre el ataque de Pearl Harbor apesta. Algunos incluso recuerdan el USS Liberty. La mayoría de los especialistas saben sobre GLADIO. Y podría seguir y seguir. El hecho es que la mayoría de las peores mentiras del siglo XX han sido desmentidas más allá de toda duda razonable, en serio.

Chris Hedges alcanzó un enorme logro cuando se expresó sobre un “Imperio de ilusiones“. Él nombra los siguientes tipos de ilusiones: la ilusión de la alfabetización, la ilusión del amor, la ilusión de la sabiduría, la ilusión de la felicidad y la ilusión de América. El libro es muy interesante, y lo recomiendo encarecidamente. Pero creo que hay un aspecto crucial acerca de que el Imperio sea un “Imperio de ilusiones”, que es la ilusión de la realidad. ¿Qué quiero decir con eso?

Me refiero a lo siguiente: la mayoría de las personas están conscientes de que existe algún tipo de “realidad”. Por supuesto, muchas personas son conscientes de lo difícil que puede ser en realidad determinar cuál es la “realidad real”, por lo tanto prefieren afirmar con cautela que llegar a la verdad es un esfuerzo extremadamente difícil. Estas personas saben lo suficiente como para saber que, en verdad, no saben mucho. Pero también existen los que malinterpretan esta precaución y deciden decir que realmente no existe la realidad y que todo lo que existe es la suma de nuestra percepción subjetiva de la misma (o sea, de la realidad). Muy pronto nos damos cuenta de que hemos deslizado de:

La realidad es a menudo muy difícil de establecer.
a

La realidad es imposible de establecer
a

La realidad no existe en absoluto (o, si es así, realmente no importa)
Por supuesto, la mayoría de las personas no aceptarán directamente que la realidad no existe, simplemente actúan como si no existiera.

Todo comenzó, hace siglos por una formidable indiferencia hacia la Verdad por parte de los líderes del Papado. A éstas personas sólo les interesaba el poder, de tal forma que si la religión podía darles ese poder, entonces la religión era buena, pero si la religión ponía límites a lo que los latinos podían, o no, hacer (por ejemplo, lo que ocurrió en el famoso “Debate de Valladolid“), entonces, tan de repente, la religión se convirtió en un obstáculo que tuvo que ser “reformado”. Y, de hecho, una vez que el cristianismo original fue “reformado” (ya sea por la Reforma o la Contrarreforma), se desató el infierno para la mayor parte de la humanidad y la Era del Imperialismo se introdujo por completo y el antiguo lema “exitus acta probat” (el fin justifica los medios, ndt) se convirtió en la medida de facto de la moralidad.

Luego vino el primer golpe de la revolución científica del Renacimiento tardío que dejó al papado con muy poca credibilidad.

El siguiente golpe vino durante la Segunda Guerra Mundial cuando el Papado vió su último hurra ir y venir, bastante rápido, de hecho duró tanto como el “Reich de 1000 años” de Hitler: 12 años. Al final de la guerra, el cristianismo occidental quedó en ruinas y, lo que es peor es el hecho de que ninguno de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial (anglos reformados, soviéticos ateos, judíos, seculares y no, etc.) tenía sentimientos de cariño para los Cristianismo (la verdad sea dicha, tampoco Hitler ni Mussolini). Llegados a este punto, el Papado decidió suicidarse y organizó el Concilio Vaticano II, que debe ser la rendición de valores sagrados más masiva ocurrida en la historia. Este mal aconsejado intento de mostrar el ” rostro humano del catolicismo romano ” resultó un fracaso total. Dejó impasibles a quienes odiaban el papado. En cuanto al confuso rango de “católicos romanos” (a quienes me refiero como “latinos”), se quedaron con el siguiente enigma: si el Papa es infalible (según dice el Primer Concilio Vaticano de 1868), ¿Cómo puede contradecir con tanta claridad las enseñanzas de su propia Iglesia (sin mencionar las enseñanzas de sus supuestos predecesores infalibles)? Algunos declararon que el Papa era un hereje, otros simplemente declararon que la “Santa Sede” estaba desocupada (“sedevacantismo”), pero la mayoría simplemente se rindió con total repugnancia (¡los escándalos sexuales no ayudaron!) y simplemente dejaron de preguntar “¿cuál es el verdad”?

Cuando una Iglesia que se había declarado a sí misma “La Iglesia” (todo en MAYÚSCULAS, y con exclusión de todas las demás) durante 910 años (¡casi un milenio!) de repente actúa como si todas las religiones fueran igualmente “verdaderas” (lo cual es lógicamente imposible, pero ahora eso no importa) y cuando un “Santo Padre”, quien fué alguna vez poderoso (¡y Vicario de Cristo, nada más y nada menos!) se convierte en otra figura pública que se puede ubicar en algún lugar entre Kim Kardashian y Greta Thunberg, entonces sabes que algo muy grande ha sucedido.

Algo muy malo también.

La verdad no solo es desagradable, ni siquiera existe, ¿verdad?

Ambas guerras mundiales fueron la manifestación de un inmenso colapso civilizacional. La Primera Guerra Mundial vio el colapso de las monarquías e imperios europeos tradicionales. La Segunda Guerra Mundial, y su explosión de odio sin precedentes (política, de clase, racial, lingüística, religiosa, etc.) vio a Europa, una vez el centro de nuestro planeta, sometida a un monstruoso (pero también muy predecible) baño de sangre que resultó en dos poderes europeos que dividieron al mundo en dos esferas de influencia (al menos ese era el plan). Más interesante aún, mientras que los gobernantes y países nominalmente “cristianos” no podían abogar abiertamente por el terror masivo, la gente secular “ilustrada” no tenía tales problemas en absoluto. Simplemente lea el brillante, aunque claramente satánico “Dictadura contra democracia”, de Trotsky o el quinto capítulo de Hitler en Mein Kampf (¡aquí en alemán, para quien pueda!).

Tanto Dostoievskii como Solzhenitsyn predijeron lo que inevitablemente sucedería en un mundo en el que prevaleciera el nihilismo. Dostoievskii simplemente lo resumió todo cuando escribió (en los Hermanos Karamazov) “si Dios no existe, entonces todo está permitido“. Los nihilistas simplemente han concluido lógicamente que si no hay Dios, y todo está permitido, entonces nada existe realmente, ciertamente ninguna realidad “real” (objetiva). Incluso las mismas nociones de “bien” y “mal” carecen absolutamente de sentido sin un sistema de referencia absoluto.

Bertrand Russel (y, aparentemente, también Voltaire) una vez escribió brillantemente que “Dios creó al hombre a su imagen y el hombre le devolvió el favor”. Palabras asombrosas, en verdad! Si no somos la creación de Dios, pero Dios es nuestra creación, eso nos hace muy parecidos a Dios, ¿no es así? Y, como “dioses”, ¿no merecemos definir nosotros mismos lo que es “bueno” y lo que es “malo”? ¡Por supuesto que lo hacemos! Una vez que la vida / existencia no tiene sentido, ¿cómo podrían tenerlo los conceptos como “bien” o “mal”? ¡Y esto es exactamente lo que hemos hecho!, especialmente nuestros nihilistas posmodernos del siglo XXI.

Volviendo a donde comenzamos: evaluando la defensa “¿y qué?”

Ya he mencionado muchas veces la alucinante hipocresía de los demócratas, que odian a Trump por su supuesta defensa “¿y qué?” (Que, por cierto, es una caracterización errónea: su defensa fue mucho más sólida y lógica ), pero no tienen absolutamente ningún problema con personas como los Obama o, peor aún, los Clinton junto a quienes Trump casi parece un modelo de honestidad, integridad y con agudo sentido de la decencia. Quiero decir, en realidad, los Clinton hicieron que incluso los mafiosos violentos (italianos o judíos) se vieran puros e inocentes. Y cuando mienten, esto no es un gran problema para ellos. Pero cuando Trump miente, provoca el tipo de ira ciega, impotente, que en el Evangelio se describe con las palabras “llanto y crujir de dientes”. ¿Quizás a eso se refieren cuando hablan de un “síndrome de trastorno de Trump” entre los liberales estadounidenses?

La verdad es simple: todos sabemos que Trump mintió. Sobre el contraataque iraní y sobre muchas otras cosas. También sabemos que Obama mintió. Y Baby-Bush también. Y Clinton y sus cigarros sin sexo … Y recordamos “lean mis labios, no habrá nuevos impuestos” tan bien como recordamos “No, repetimos, no intercambiamos armas ni nada [con Irán] por rehenes, ni lo haremos “. Pues sí, recordamos todo.

Simplemente ya no nos importa.

Nos hemos vuelto completamente insensibles no solo a la verdad, sino incluso a la realidad.

Y ¿qué?, verdad?

¡Y las consecuencias son realmente terribles!

Conclusión: la vida en un mundo sin realidad

El hecho de que nosotros, quienes vivimos dentro del Imperio, vivamos en un mundo libre de realidad tiene un gran impacto en las acciones de nuestros gobernantes. Después de todo, si nadie realmente cree o se preocupa por la realidad, entonces ¿por qué nuestros gobernantes deberían molestarse en mejorar la realidad, especialmente para nosotros? Es mucho, mucho más simple presentar un mensaje de “sentirse bien” acerca de cuán grande es “Estados Unidos” (como en “¡Tenemos el ejército más poderoso y mejor equipado del mundo, con ventaja!”) Sin importar que los militares más poderosos de la Galaxia ni siquiera pudieran proteger a sus propios soldados a pesar de que sabían exactamente cuándo y dónde vendría el contraataque iraní.

Por supuesto, con el tiempo, todo el edificio de mentiras construido por los políticos de EE. UU. y la UE se derrumbará, ya sea como consecuencia de una derrota militar imposible de ocultar, o de un gran choque económico. Esto será totalmente inesperado para aquellos que eligen vivir en un mundo libre de realidad.

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